verdad y anonimato

26.9.05

la historia como justificación

El que utiliza la historia como único argumento para la justificación de sus ideas, pierde su credibilidad. Los derechos históricos son mentira. No se tienen derechos por el pasado si no porque al “vecino” le parecen justos. El estado español no debe ser indivisible porque lleve muchos años siendo una unidad. Las regiones, naciones, autonomías, no tienen porqué aumentar (o disminuir) sus competencias porque hayan tenido más en el paso (o menos). Que el futuro se construye hacia delante, con lo que parece justo a los ciudadanos actuales, con los derechos (y obligaciones) que nos auto-otorgamos.

 

A todos los nacionalistas, los nacionalistas españoles que defienden su unidad territorial e independencia política frente a deseos internos de separación o externos de absorción, y los nacionalistas vascos (o catalanes, o gallegos, o madrileños, …) que buscan lo mismo pero a una escala más local, les pido el siguiente ejercicio mental:

- Supongamos que el 99% de los habitantes de un barrio pobre de una gran ciudad, periférico, alejado del centro, que genera más gasto a la ciudad que los impuestos que en él se recauda, prefiere separarse y constituirse en municipio propio. Supongo que al resto de la ciudad le parecerá “un chollo”. Se quitan un problema.

- Supongamos que el 51% de los habitantes de una zona céntrica de la ciudad, verdadero núcleo originario del municipio, donde se generan enormes movimientos comerciales, sin problemas de delincuencia, donde se recaudan muchos más impuestos que el gasto público que se hace, quieren “ser independientes”. Supongo que el resto de conciudadanos no querrán admitir una secesión así.

 

Y ahora, preguntémonos:

- ¿Es una cuestión de mayorías? ¿Dónde está el porcentaje “justo”?

- ¿Basta con ser mayoría para tener un derecho? ¿Es justo que alguien pueda separarse de un grupo unilateralmente?

 

Y directamente:

- ¿Que Melilla lleve quinientos años perteneciendo a España impide que si los Melillenses quieren y Marruecos también pase a pertenecer al estado Marroquí?

- ¿Que Gibraltar lleve quinientos años perteneciendo a Gran Bretaña impide que si los Gibraltareños quieren y España también pase a ser Estado Español?

- ¿Que Galicia no haya tenido fueros de amplias competencias en el pasado impide que los tenga en el futuro?

- ¿Qué Navarra haya tenido una amplia autonomía competencial desde hace mucho obliga a que la siga teniendo?

- ¿Quién debe decidir, sólo los protagonistas o también los que mejoren o empeoren con un cambio político de competencias?

22.9.05

matrimonio civil

La necesidad, la bondad, la maldad, la obsolescencia, la obligatoriedad, … no me importan, hoy, en mi reflexión sobre el matrimonio. Efectivamente, para algunos es necesario como demostración de fidelidad o compromiso, para otros es bueno en sí mismo porque institucionaliza el amor, para otros es malo porque obliga y no aporta nada, para otros es algo antiguo que ya no funciona, … Pero esto no me ocupa hoy.

Hoy me fijo en la institución que registra, aprueba y regula la unión bígama.

El matrimonio se ha conocido siempre como una unión de dos personas, de carácter heterosexual, fundamentada en el amor y con carácter de unión fija. Era un matrimonio religioso, me atrevo a decir “cristiano y católico”, que las instituciones públicas asumieron y crearon, de manera idéntica, el matrimonio civil, dado que se admitió que podía albergar uniones similares pero fuera del ámbito confesional (y de paso se podían cubrir los huecos legales necesarios para hacer del matrimonio una institución útil y segura jurídicamente).

Poco a poco, el matrimonio civil se ha ido desligando del religioso. ¿Por qué? Porque la forma en la que las personas querían legalizar su situación de pareja se iba separando de las convicciones católicas. Por ejemplo, llegó el divorcio. Efectivamente, se admitió que un matrimonio civil no era indisoluble (por mucho que el religioso lo fuera). Hoy en día, son una pequeñísima minoría los que están en contra del “derecho al divorcio”, y muchísimos menos los que se atreven a decirlo. Las leyes siguen considerando el matrimonio como una unión sólida, sin fecha de caducidad, aunque admitan que puede romperse.

Y ahora, se cuestiona que el matrimonio tenga que tener dos protagonistas de sexo distinto. Se defiende, por parte de una gran parte de la sociedad, que si es una unión de dos personas por amor y legalizada por el Estado para acceder a ciertos derechos y obligaciones, los homosexuales estaban discriminados. Si todos tenemos el derecho de casarnos civilmente para demostrar ante la sociedad y ante nuestra pareja nuestra unión como un hecho social, ¿estamos obligados a amar a una persona de sexo contrario? ¿En qué varían los derechos y obligaciones de un matrimonio heterosexual por tener de “vecino” un matrimonio homosexual?

Las justificaciones históricas para mantener la figura del matrimonio son para personas poco inteligentes. Que algo haya sido así no quiere decir que queramos que siga así. Incluso que algo haya funcionado (sería discutible la funcionalidad, la utilidad del matrimonio) tampoco justifica que se cambie. La historia es solo historia, no una obligatoriedad de repetirla. También antes la mujer estaba subyugada a la voluntad del marido y el vasallo a la del noble.

Las justificaciones semánticas son para personas menos inteligentes aún. El lenguaje es algo vivo, que va cambiando con el devenir de los tiempos, e igual que antes “el coche” era de caballos y ahora “el coche” es una máquina con un motor, que cumple funciones similares pero que ha variado enormemente el ámbito, la forma, …

El dar por supuesto que se darán otros pasos más audaces, como los matrimonios con más de dos protagonistas, queda para los que quieren hacer ciencia ficción. Este paso se ha dado con una base social fuerte (cierta normalización social, cierta equiparación legal de las parejas de hecho, …) que incluye a los que desean ese derecho y a los que ya lo tenían.

Dejemos que el matrimonio civil sea jurídicamente enmarcado por unas leyes elegidas democráticamente. Dejemos que el matrimonio católico sea enmarcado por la Iglesia.

14.9.05

Negociación con ETA

Una negociación se establece como un diálogo de posturas enfrentadas que buscan un punto en común, en el cual ceden en parte de sus pretensiones a cambio de lograr otra parte. Los negociadores no cederán en sus objetivos y/o medios para conseguirlos si no hay en el otro plato de la balanza una contrapartida que les compense.

Entrando al trapo, digamos que los objetivos de ETA (independencia y comunismo) no son ilegales (ni inmorales), luego no se les puede impedir mantenerlos. Lo que no es legal (ni moral) es usar la violencia como medio, la imposición de esos objetivos a los que no los comparten. Sin embargo es su única baza negociadora. Es decir, el uso de la violencia, es lo que deben ceder a cambio de (…). Pero no nos engañemos. Nadie abandona su baza negociadora antes de comenzar a negociar.

Se deberá (quizá se esté haciendo ya) hacer una negociación previa que aparque el uso de la violencia a cambio de (…). Y no creo que sea un “aparcamiento” definitivo, si no una “parada en carga y descarga” para seguir negociando a cambio de (…). Ojalá esa primera parada sea definitiva y de ahí sólo se mueva “al desguace”.

13.9.05

el psoe me llama tonto

Sí. Cuando lanzan a bombo y platillo que el gobierno (con minúscula hasta que se lo merezca) ha puesto encima de la mesa mil millones para las comunidades autónomas y sus sistemas sanitarios. ¡Que la ponen los contribuyentes…! ¡que no salen de las cuentas del PSOE!, que lo pongo yo (entre otros muchos). Y que si no lo pone el gobierno central, lo tendrá que poner el autonómico (otra vez mis compañeros contribuyentes y yo) o el ayuntamiento (…)

Y que nos digan qué van a dejar de hacer (financiar, subvencionar, arreglar, crear, potenciar, …) porque si dedican mil millones extras a la sanidad es porque (opción 1) suben los impuestos en mil millones o (opción 2) quitan presupuesto por mil millones a otras partidas (educación, investigación, infraestructuras, seguridad, …). Pero claro, eso no vende.

Estoy harto de la autopropaganda política. Más preocupados de seguir en el puesto que de merecerlo.

me presento

El poder de decir, el privilegio de callar. La realidad, o al menos mi sincera interpretación.
Necesito la oscuridad. Conóceme sólo por lo que veas aquí.