verdad y anonimato

22.9.05

matrimonio civil

La necesidad, la bondad, la maldad, la obsolescencia, la obligatoriedad, … no me importan, hoy, en mi reflexión sobre el matrimonio. Efectivamente, para algunos es necesario como demostración de fidelidad o compromiso, para otros es bueno en sí mismo porque institucionaliza el amor, para otros es malo porque obliga y no aporta nada, para otros es algo antiguo que ya no funciona, … Pero esto no me ocupa hoy.

Hoy me fijo en la institución que registra, aprueba y regula la unión bígama.

El matrimonio se ha conocido siempre como una unión de dos personas, de carácter heterosexual, fundamentada en el amor y con carácter de unión fija. Era un matrimonio religioso, me atrevo a decir “cristiano y católico”, que las instituciones públicas asumieron y crearon, de manera idéntica, el matrimonio civil, dado que se admitió que podía albergar uniones similares pero fuera del ámbito confesional (y de paso se podían cubrir los huecos legales necesarios para hacer del matrimonio una institución útil y segura jurídicamente).

Poco a poco, el matrimonio civil se ha ido desligando del religioso. ¿Por qué? Porque la forma en la que las personas querían legalizar su situación de pareja se iba separando de las convicciones católicas. Por ejemplo, llegó el divorcio. Efectivamente, se admitió que un matrimonio civil no era indisoluble (por mucho que el religioso lo fuera). Hoy en día, son una pequeñísima minoría los que están en contra del “derecho al divorcio”, y muchísimos menos los que se atreven a decirlo. Las leyes siguen considerando el matrimonio como una unión sólida, sin fecha de caducidad, aunque admitan que puede romperse.

Y ahora, se cuestiona que el matrimonio tenga que tener dos protagonistas de sexo distinto. Se defiende, por parte de una gran parte de la sociedad, que si es una unión de dos personas por amor y legalizada por el Estado para acceder a ciertos derechos y obligaciones, los homosexuales estaban discriminados. Si todos tenemos el derecho de casarnos civilmente para demostrar ante la sociedad y ante nuestra pareja nuestra unión como un hecho social, ¿estamos obligados a amar a una persona de sexo contrario? ¿En qué varían los derechos y obligaciones de un matrimonio heterosexual por tener de “vecino” un matrimonio homosexual?

Las justificaciones históricas para mantener la figura del matrimonio son para personas poco inteligentes. Que algo haya sido así no quiere decir que queramos que siga así. Incluso que algo haya funcionado (sería discutible la funcionalidad, la utilidad del matrimonio) tampoco justifica que se cambie. La historia es solo historia, no una obligatoriedad de repetirla. También antes la mujer estaba subyugada a la voluntad del marido y el vasallo a la del noble.

Las justificaciones semánticas son para personas menos inteligentes aún. El lenguaje es algo vivo, que va cambiando con el devenir de los tiempos, e igual que antes “el coche” era de caballos y ahora “el coche” es una máquina con un motor, que cumple funciones similares pero que ha variado enormemente el ámbito, la forma, …

El dar por supuesto que se darán otros pasos más audaces, como los matrimonios con más de dos protagonistas, queda para los que quieren hacer ciencia ficción. Este paso se ha dado con una base social fuerte (cierta normalización social, cierta equiparación legal de las parejas de hecho, …) que incluye a los que desean ese derecho y a los que ya lo tenían.

Dejemos que el matrimonio civil sea jurídicamente enmarcado por unas leyes elegidas democráticamente. Dejemos que el matrimonio católico sea enmarcado por la Iglesia.