verdad y anonimato

11.10.05

diferencias y dificultades

Dicen que la empatía, la capacidad de ponerse en el lugar del otro, requiere esfuerzo y que no basta con él. Añado yo que el empeño para adquirir la suficiente, la que puede ayudar a resolver problemas, es titánico.

Esto viene a cuento del post de Sebastián Urbina (http://sebastianurbina.blogspot.com/2005/10/noticias-comentadas-23.html).

Al margen de que se aproveche, en dicho post, a criticar las actuaciones del gobierno en base a una noticia totalmente ajena a él (ni se origina por su actuación, ni se puede influir en su variación), me ha hecho pensar en las diferencias entre una ciudad tan lejana como Kabul y cualquiera de las españolas.

Reconozco que me resulta muy difícil ponerme en la piel de personas que creen que la religión, la suya en concreto, debe regir todo. No consigo imaginarme los sueños de una sociedad donde la economía es de subsistencia. Imposible que me sitúe en un país donde aún la fuerza bruta es más poderosa que la razón y el derecho.

Analizamos todo desde nuestra poltrona del primer mundo. Desde nuestras tres comidas diarias (en las que nos preocupa el exceso y la calidad). Desde nuestros móviles, nuestras preocupaciones por la reserva de las próximas vacaciones, …

Creo recordar que las conquistas sociales, los “estados de derecho” con los que se nos llena la boca, las enumeraciones de derechos humanos, la igualdad jurídica de la mujer, etc, llegaron al primer mundo sólo cuando se alcanzó cierto nivel de vida económico. Pero ahora pedimos idénticas actuaciones en situaciones muy distintas.

Lo que debiéramos hacer, inmediatamente, es bombardear la boda en la que se casa el encargado de dar los latigazos por adulterio para la comarca de Afganistán correspondiente. Quizá muera mucha gente, pero un daño colateral es admisible desde nuestra libertad de prensa.